♦

13 de junio de 2017

Dúo

Quién iba a decir que de ese encuentro casual pudieran nacer más palabras que voces. Producto de un fortuito acto de inercia, reflejo o casualidad, o quizá por el destiempo que cargaba en los hombros ese día. Te vi, pero me hice la desentendida y bajé la mirada como sofocada por la curiosidad. Me pregunté el porqué de mí duda, el porqué de esa constante vacilación.
Irascible.
Era un momento particular, lo reconozco; sólo estaba de paso y por eso me ofusqué. Porque te vi, porque se me disparó la inconsciencia y tenía que estar en otra parte. No ahí, hurgando en mí cabeza, sino en una realidad externa, humana, tangible y aburrida. Pero vos estabas ahí, como escondido entre tantos y fue esa multitud inerte lo que te llenó de grandeza. Caminé e intenté omitir ese hecho insulso para el mundo. Me costó (mucho) retomar la marcha, porque sí, efectivamente te vi y se me trabaron las piernas. Una huelga física y abrupta. Quedate. Hacé. Reaccioná. Impulsá. Y de golpe un “basta” que hacía juego con la sarta de negativas que emanaba. Ya fue. Ya pasó. El tren se fue. Después una risa tosca y una idea naciente; qué cliché el pensamiento que girando mata.  Ser humano repetitivo y autómata, hasta en las tragedias sos una puesta en escena. Bien griega y pura. Qué mentira inventas para hacerte menos ordinaria. Así que continúe, obligándome a efectuar movimientos torpes, fieles a mi estilo. Esquivando rutinas, ojos, suspiros y anhelos. Tenía la sensación de que todos habían visto algo extraordinario pero que, sin embargo, preferían seguir rumiando otras realidades; conscientes de su papel en ese exuberante ganado.
Y una seguidilla de quejas ¿qué decís? ¿Qué planteas? Si con el miedo atravesado fuiste eso-que-odias. Parte de la masa gris y espesa. Otro basta y retomo. Sé que es otro autoengaño, porque no puedo, porque es más fuerte que yo, porque otra vez se me va y me voy; otra vez me fui y me volveré a ir. En esa secuencia estrepitosa y degradante. ¿Cuánto puede durar todo eso? Me pregunto, pero no respondo y me aniquilo. Ya fue, de nuevo. Comienzo a sospechar que mi diccionario se limita a unas cuantas palabras renegadas, no sé, qué se yo, andá a saber, qué me importa, basta, ya fue, no sé, no sé y nunca lo sabré. Listo. Retomo y soy persona de nuevo. ¿Cuál será el rostro de esa disonancia? Mejor dicho ¿Cuál será la máscara que se calza? Porque soy eso, pero también soy otra cosa. Y me pierdo en otro conflicto inventado, me desvío
¿Dónde estás? Te dejé pasar y me acuerdo. Todo empezó con vos, toda esta persecución insana fue regalo de tu fugacidad. Mentira. Fue producto de mi tibieza o mis indecisiones. La secuencia la acomodé a gusto “y piacere” (como diría mi madre); en definitiva soy consecuencia de mí misma.
Así que trato de focalizar cuál era mi falso objetivo, la meta original y me olvido por un momento, aunque sé que voy a volver a vos desbordada. Sigo, ahora un poco más sutil, con las ideas acomodadas y carácter endurecido. Paso y paso. Un trote innecesario y llego.
Burocracias, revuelvo y termino.
Después la lucha.
Una parte intenta convencerme que lo más oportuno es tomar una ruta alternativa, me dice que si ya dudé una vez, probablemente lo haga de nuevo. Y le creo, porque el miedo tiene un gusto dulzón adictivo. Una cuchara que se vuelven dos, tres y finalmente un rotundo empalago.
Qué asco.
Pero otra voz disonante me dice que no tengo nada que perder, que los ojos están para usarlos. Giro la abulia, le doy la espalda y se nota que los pies se mueven con más entusiasmo, anhelantes. No cargo nada, sólo me llevo a mí, casi a los pelos, casi a los piques y sin aliento. Tres cuadras, dos cuadras y siento que estoy llegando a una recta imaginaria. Y la cabeza me dice pará.
¿Qué pasa si ya no estás? En el fondo siento que estoy jugando a lacerar mis caprichos espontáneos, no sé qué hago. Y me anticipo a la angustia y digo ya fue, pero en el fondo pongo quinta y me entrego. Estoy ahí, parada, expuesta y me hago paso entre todo eso que no me interesa.
Te toco ansiosa. Y después te envuelvo con las dos manos. Lanzo un par de mirada furtivas para confirmar que el mundo es sólo nuestro. Un par de palabras, una pausa y dejo que tu no-voz me diga que fuimos una buena casualidad. Vos, tan olvidado en un estante y yo tan obnubilada.
Te leo, pero parece que es al revés y describís cualidades que sólo yo conozco.
Así que pienso, de nuevo, que bueno volver de la duda, que bueno volver para ser víctima de tu escritura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario