Transmuté.
Y en algún momento fui lo que siempre quise y no lo valoré; ese vicio humano de percibir lo bueno una vez que ya no está.
Voluble sentimental, capaz de comprar utopía finita y descartable.
Transmuté y fue inevitable, porque en lo estático no hay impulso, no hay vida. Me creí flecha de gran dimensión y me lancé. Espejismo que me llamó y me hizo sentir libre. Una falacia.
Transmuté y perdí inocencia, pero también gané carácter y decisión. Pagué el precio del desconocimiento. Salí, me golpeé, me lancé y sigo así, en pleno vuelo.
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