Te pesa el alma y no hay vuelta atrás.
Intentas agarrarte de una pared insulsa, pero caes en un círculo monstruoso y el golpe es tan duro que quedas inerte.
Esos ojos ya no son tus ojos, el brillo se apagó y no hay manera de explicar el cataclismo interno que te acompaña.
Colapsas de emociones e inestabilidades. Inventas salidas que no existen y recurrís al autoengaño. Te prometes que el mañana es una nueva oportunidad, pero no entendiste (o no queres aceptar) que estás en una regresión infinita y mortal.
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