Procesando un soplo único e irrepetible que, como así llega, rápido se va.
Para ser honesta estuve muchas horas intentando acomodar las palabras (y los que me conocen pueden dar fe que soy bastante quisquillosa con eso), siempre falta un golpe de horno para que esté conforme (y en realidad nunca llego a estarlo). Me dije «maaah si, no importa» y automáticamente el cerebro me titiló en estado de alerta; lo que te mueve merece ser inmortalizado (más en este mundillo donde tenemos la costumbre de descartar todo ni bien entra a nuestras vidas). Si tuviera que titularlo sería algo así como «un día disparatado» porque sentí un vaivén brutal de emociones. Estaba en pausa. Me faltaban dos materias para saber si efectivamente este año me recibía, pero todo era bastante brumoso y no quería hacerme “la cabeza” antes de tiempo (aunque algunos aseguran que ya tengo un doctorado en eso). Incertidumbre espesa, hasta que no. Tajante. Una tarde pre-viaje-estelar-escapada utópica a otra provincia me avisaron de imprevisto que ambos finales coincidan en fecha. Empecé a repetirme que no iba a llegar, qué porqué justo me iba y después la insensatez del «ya fue». Mi coequiper estaba en la misma situación que yo (o incluso peor, porque ella viajaba una semana antes de rendir y, en el medio, un desfasaje de horarios). Consuelo a la distancia, dejar todo listo y pirarlas. Cosa que hicimos, nos proclamamos kamicazes sabiendo que era el último tirón (que, para ser sincera, se había hecho más largo de lo que pensaba). Y ahí estaba, surfeando la practicidad, las sierras, la calma, la paz y lo que caduca. Duró lo que un suspiro y, de golpe, mis alpargatas patalearon en el asfalto. En una semana me calcé la lectura, el resumen, el resumen del resumen, videos y un centenar de oraciones que parecían interminables. (Hay grandes probabilidades de que haya perdido alguna que otra pestaña, pero a esta altura ya no importa). En el medio otras emociones y declives de decir «tiro todo y que sea lo que Dios quiera» (el problema es que no creo, así que no sé qué tanta bola me iba a dar el todopoderoso). Mala mía. Quedaba yo y solamente yo. Nuevamente. No importa, se supone que había pasado por situaciones peores, no? (el consuelo barato y minimizador).
Y parece que no, pero llegó el día (11 de diciembre). Ese que tenes perfectamente cronometrado y que termina siendo un tiro al aire. Y si, así sucedió: un poco de retraso, línea b de subte interrumpida, retiro, marea de gente, combinaciones, mi toc de llegar a tiempo (e incluso más temprano), náuseas, dos café circulando por las venas y un calor-húmedo-vomitivo. Llegar a San Martin, no encontrar ni la puerta de entrada (real), perderse en el delirio exagerado del «siamo fuori della copa». Y otra cachetada mental. Basta. Después encontrar el aula, una hora de examen, un primer bochado y nuestras caras de panic attack. El famoso terror de no “aparecer en lista de examen” que se hizo efectivo y la rapidez de solucionarlo (rezandole a esa altura a todo lo que fuese posible). Espera y más espera. El umbral de LA puerta como un purgatorio final de conocimientos. Silencio. Minutos. Un aclamado ocho y al toque otra sarta de corridas automáticas (porque teníamos que llegar al centro en una hora). En ese momento me sentí en el potrero, medio automatizada, esperando el remate. Estaba a medio paso. Último tramo, hojas y más hojas, un silencio sepulcral y el sabor de la ansiedad. El veredicto de la docente, la patada directa en el arco y la salida a trompicones de la sede. La sensación del alma volviendo al cuerpo y todos los afectos compartiendo mis cachetes kilométricos de satisfacción. Me había convertido o, como diría en mis épocas más remotas, digi-evolucionado en Licenciada, pero al mismo tiempo me percaté de algo significativo: yo también era eso, puro enchastre, huevos y barro. Ya no importaba cruzar la línea de meta como una desaforada porque ya había ganado.
Ser el proceso, los vaivenes, la compañía, el aprendizaje y el andar. De la vida y el camino (que recién empieza) espero eso, mucha mugre, a montones y estar rodeada de estas personas que me miran con ojos extraordinarios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario