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14 de marzo de 2017

Un 14 de marzo.

Acá me ves, un poco revuelta y atravesada. Con cuotas de viento pasivo y otras tantas de atrocidad. Inmanejable o insostenible, de esas «cosas» que en el fondo dan miedo (en mayúsculas) o generan impacto. Lo entiendo, lo pienso, lo sufro, lo (me) asumo; así, en cadena, como una inercia de causa y efecto. Algo dado. Sucumbida por pasiones y paradójicamente movida por este engranaje analítico. Acá me ves, de nuevo, como un intento trunco de frialdad. Volátil y trágicamente permeable. Y me voy, escarbando en un fango imaginario, espantada de tanto engaño, de mentiras consecutivas. Asombrada de la capacidad humana; de su desidia e invención sentimental. Acá me ves, asqueada. Infinitamente matizada. Perecedera. Abstracta. Minúscula. Truncada.

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