♦

22 de marzo de 2017

Saltos

Ideas. Impulsadas por el recuerdo, una notificación, o mejor dicho, por una falsa nostalgia. “Un día como hoy…”, pero hace dos años, quizás estabas a punto de cometer un error ineludible. Hace dos años le empezaste a creer a otros y te pareció que estabas siguiendo tu instinto, cuando en realidad sólo era una concepción tramposa de libertad; un autoengaño. Hace dos años quisiste ser impulsiva y te salió mal. Inesperado. Nefasto. Deplorable. En ese orden. Pero aprendiste, y aunque eso te costó cierta abulia insana, consideraste que era un golpe necesario. Hace cuatro años también era tu primer día facultativo e ibas con la idea de comerte al mundo. Después te bajaron de un hondazo y sucumbió el miedo. Te golpeaste y rezongaste. Y pensaste que estabas en la cresta de la ola, pero a los segundos te viste sofocada en un subte de difícil retorno. Te faltó el aire, te dejaron sin aliento, te robaron otro y regalaste unos cuantos de más. Creciste, hoy también. Y al revuelto le volves a decir “basta”, porque la rueda sigue y te lleva por delante. Pero “un día como hoy”, un 22 de marzo cualquiera, dejaste que de nuevo te desordene un poco la cabeza..

14 de marzo de 2017

Un 14 de marzo.

Acá me ves, un poco revuelta y atravesada. Con cuotas de viento pasivo y otras tantas de atrocidad. Inmanejable o insostenible, de esas «cosas» que en el fondo dan miedo (en mayúsculas) o generan impacto. Lo entiendo, lo pienso, lo sufro, lo (me) asumo; así, en cadena, como una inercia de causa y efecto. Algo dado. Sucumbida por pasiones y paradójicamente movida por este engranaje analítico. Acá me ves, de nuevo, como un intento trunco de frialdad. Volátil y trágicamente permeable. Y me voy, escarbando en un fango imaginario, espantada de tanto engaño, de mentiras consecutivas. Asombrada de la capacidad humana; de su desidia e invención sentimental. Acá me ves, asqueada. Infinitamente matizada. Perecedera. Abstracta. Minúscula. Truncada.