Un buen contrincante primero desespera, despierta demencia y finalmente sumerge en la negación profunda. En consecuencia, la madurez de asumir que cada palabra tiene vida propia; la capacidad de alternarse y cobrar mil significados.
Ser un lector paciente implica luchar con los monstruos literarios y con los grandes autores. Comprender que un relato no sólo es un mundo aparte, una distracción banal, sino la resignificación de cómo vemos lo externo. Oraciones que entreabren puertas insólitas, capaces de acoplarse a su portador en diferentes circunstancias de la vida.
Tuve la capacidad de entender que sí algo carecía de sentido a simple vista, eso no lo hacía más insignificante, sino diferente. Asimilarlo paulatinamente no nos vuelve más ignorantes, sino carentes de herramientas que se adquieren con el tiempo, la práctica y la predisposición. Siempre subrayo que todos tenemos la misma capacidad, pero la voluntad un poco más desarrollada, o en su defecto, pisoteada. Puede ser también una percepción errada; un juicio subjetivo que tampoco es de fiar.
Resignificar o renacer implica, a mi entender, morir para dar paso a nuevas ideas. Soltar verdades que considerábamos absolutas (únicas) y acoplar lo desconocido. De esa manera, cada relato puede ser una llave a algo nuevo, una ruptura que no debe quedar estática en una página, sino que debe ser parte del día a día para combatir la dicotomía del “destino decidido” o la “reconstrucción” continua de nuestro propio relato; ser protagonistas de cada capítulo y moldearlo a cuenta propia.
Estoy negada a concebir que los pies deben seguir un mismo camino; un principio, un nudo y desenlace. Hay algo más que esa ecuación básica existencial. La vida, es ruptura, giros y saltos temporales continuos. Probablemente por eso la construcción sencilla de los textos me repele (y antes me resultaba atrapante). Aunque también estoy generalizando porque existen cuentos simples capaces de volar la cabeza. Mutar, resignificar y explorar la propia mente.
Considero que no hay placer más inmenso que viajar de palabra en palabra, de personaje en personaje y tener la capacidad de saltar en múltiples realidades. Un beneficio dañino en cual podemos perdernos. Algo tan hermoso que duele.
La dualidad de sobrevivir a está nueva experiencia; de encontrarse con esos viejos contrincantes, más visibles y seductores, pero que arrastran, y arrastran fuerte.
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