Cuando Mario Massaccesi tenía 8 años se plantó frente al televisor y dijo convencido que quería estar ahí. Enamorado a primera vista del periodismo, siempre se pregunta cuál fue el motivo de esa reacción y repite anonadado “que la profesión lo agarró por asalto, desprevenido, y no lo dejó pensar”. Hasta el día de hoy lo analiza, pero sabe que “no podría estar en otro lugar”; todo lo que es, su forma de pensar y sentir lo definen completamente, y que a pesar de las adversidades de la vida, siempre supo que esa era “su vocación”.¿De todos los trabajos ajenos al periodismo cuál fue el que más aportó para la profesión?
El trabajo que más me sirvió fue una agencia de quiniela, sobre todo por la atención al público. Ahí me di cuenta de que podía ser autosuficiente para poder generar mis propias cosas, y empecé a desarrollar caseramente la idea de transmitir, de comunicarme con otros. Liderar al grupo de gente que tenía que atender de alguna manera ponía en marcha una “destreza” que consideraba adecuada para ser conductor. La quiniela era mi noticiero.
En 1989 te quedaste sin trabajo en Córdoba por la hiperinflación de Alfonsín y decidiste instalarte en Buenos Aires ¿Cuáles fueron tus expectativas en ese momento?
La verdad es que no pensaba venir a Buenos Aires, pero me ofrecieron un trabajo en el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (actual ANSES) para viajar por el interior, entonces decidí mudarme a Capital Federal por seis meses, después se trasformó en un año y finalmente elegí quedarme. Al tiempo me llamaron de un programa de radio barrial (FM Barrio Belgrano) y después hice un casting en cablevisión y abandoné totalmente el empleo público.
En reiteradas entrevistas sostuviste que “el periodismo te salvó la vida” ¿Cómo podrías explicar esa concepción? ¿De qué se trata en sí el periodismo?
Cuando era chico tuve dos situaciones traumáticas que me marcaron a fuego, me quebraron psicológica, emocional y físicamente. Dos combustibles negativos que me hicieron pensar que jamás iba a conseguir nada. Y a pesar de que estaba en una oscuridad rotunda y no sabía a quién pedirle ayuda, siempre tuve claro lo que quería ser. El periodismo fue como mi faro e intente seguir su luz, era lo único que podía sacarme toda esa angustia. La profesión me hizo sentir valorado, respetado, útil e incluido, era todo lo que necesitaba.
Y en esos inicios ¿Cuál fue el derecho de piso que tuviste que pagar? ¿Cuáles son las trabas y obstáculos que presenta la profesión?
El mayor derecho de piso que pagué fue el descreimiento de mi mismo, la autoestima baja, la desconsideración propia, mi timidez, el miedo… Entonces no tuve tiempo de pensar cómo pagaba mi lugar porque ya tenía un problema interno: salir de esa zona de oscuridad. El entorno o medio era un parque de diversiones, el peor enemigo era yo mismo.
Tuviste la oportunidad de cubrir muchos móviles importantes (Mundial del 2006, la renuncia del ex presidente De la Rúa, etc.) y de preguntar en las únicas conferencias de prensa que dio Cristina Fernández ¿Estabas preparado para esas situaciones? ¿Te esperaste esa reacción de la presidente?
Me avisaron dos días antes que iba a cubrir la conferencia y en ese momento no se había producido el quiebre en la relación con Clarín. Entonces me hice 10 preguntas personales y otras 10 sobre actualidad. Lamentablemente no pasé primero, otros periodistas me habían quitado la mayoría y opté por preguntarle si consideraba a Cobos como un traidor; la respuesta me dejó pasmado, pensé que me iba a hablar amorosamente y a partir de ese momento me quedó la duda sí tendría que haber peleado o si estaba bien haberme quedado en el “molde”… Aunque si hacía la repregunta era para escándalo. Entonces no sé en que camino estaba “la verdad”.
¿Cómo te gustaría que sea el panorama político en el año 2015?
Mi deseo principal es que se termine la persecución que hay tanto con los medios como con los periodistas, que sea realmente un camino de libertad para todos. No me gusta Sergio Massa, la alianza UNEN no me termina de convencer, con Scioli tengo mis dudas, Cristina no va por la reelección y no se sabe cuál va a ser su candidato… Después no hay mucho más.
En 1997 hiciste un mapa de la vida ¿En que consistía básicamente?
Era una cartulina personal en la cuál proyectaba con imágenes y palabras claves los objetivos que quería cumplir al cabo de 20 años, algunas metas eran trabajar con Santos Biasatti, estar en canal 13, TN y Radio Rivadavia, conocer Europa y estar al lado de un gorila (animal), tener una casa propia (que sea toda blanca), y pude cumplir absolutamente todo… Salvó ir a comer con Mirtha Legrand y salir en la tapa de gente, pero es lo más frívolo y “cholulo”.
¿De qué manera puede cambiar la nueva generación de periodistas la imagen sobrevalorada del periodismo?
Eso sólo se puede cambiar con algo que está faltando bastante: el sentido común. Se ha perdido este elemento en la política, en la justicia, la educación y sobre todo en el periodismo. El hecho de hablar en el idioma de la gente, con la gente, cerca de la gente y para la gente. El camino para restaurarlo es complicado porque lamentablemente la televisión genera monstruos, autorreferente que se miran el ombligo todo el día e intenta vender que todo lo que pasa ahí es real o cuestionable, y si no estás en la tele no sos nadie. Se ha generado ese esquema de valores que no puede cambiarlo sólo una generación.
Por último, ¿Si pudieras volver el tiempo atrás, cambiarias alguna decisión?
Absolutamente no volvería a ningún momento anterior ni cambiaría las decisiones que tomé… (Se queda pensando). No, haría dos cosas que no hice, viajaría por el mundo a los 20 años sin que me importe nada, a morirme de hambre y a trabajar al exterior, y lo segundo, perdería el miedo antes. Pero de todas maneras, todo lo que pasó lo dejaría intacto…Nunca fui más feliz como en esta época, me encanta como estoy, como pienso, como me siento, mis arrugas, las canas, todo.

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