11
de octubre, una fecha que no voy a dejar en el olvido. Sin embargo
pienso. ¿Es la rutina la que me consume? ¿Es mí negación? ¿Es el
profundo vacío que se vuelve costumbre? Una mala costumbre que me paralizó en el tiempo.
Estancada por cuenta
propia, con intenciones de vivir por vivir. Respirar por inercia y no
por motivaciones concretas.
Sabía que lo había perdido todo. Porque “todo” a veces se reduce a una persona y las personas sólo están de paso.
Yo sé que a veces digo todo sin decir nada, que me enredo en mis
propias palabras. Yo sé que soy complicada. Y es por eso que escribo, para no dejarte en el olvido truncado del habla.
Aprendí cosas que no debería haber aprendido,
acepte responsabilidades que no debería haber aceptado y me hice cargo
de todo lo que tuve al alcance de mis manos.
Sabía que mi vida no iba a ser la misma.
Con catorce años me golpeé e inconsciente me levante. Algunos años más
tarde dude de esa decisión, me arrepentí muchas veces, pero me convencí de que era lo
mejor. Hoy sigo dudando.
Una muerte tan segura de
vencer que nos da toda una vida de ventaja. Sin embargo, ¿cuáles
fueron las tuyas? No existió revancha ni segundas oportunidades.
Busqué cualquier excusa para no pensar y
mantenerme ocupada. Busqué refugió en la rutina y en las
responsabilidades. Pero la noche me abrazó con intenciones de hacerme
reflexionar. Otra vela que no se sopla y otros tantos deseos que se
acumulan en el cajón. La eternidad es ahora tu mejor amiga y mi peor enemiga; años que te abandonan y que recaen en mí.
Me tomo el atrevimiento de escribirte una vez más, con un nudo en la garganta.
Cuando empecé lo dudé, me pregunté de que servía, si realmente
tenía un fin. Si era un descargue emocional, una necesidad, o un intento
de conectarme con vos. Si lo evadía por testarudez, por dolor. Todo era
una incertidumbre.
Siempre fui cabeza dura y lo reconozco. Pero el objetivo no
es repetir las cosas que ya sé y que no tienen resolución, sino saludarte en
este día especial, en tu día.
Si pudiera dar el último abrazo lo daría, si pudiera repetir mil veces eso que no dije también lo haría.
Te quiero, hasta el infinito y más allá, donde quieras que estés,
siempre vas a tener una parte de mí. Un retazo de mí corazón es tuyo,
para que lo cuides hasta que nos volvamos a encontrar. Feliz cumpleaños.
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